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CORRE A LA BATALLA. Por Paul Washer.

paul w.---“¡Y menospreciaron sus vidas hasta la muerte!”

Sin tener en cuenta lo que podamos creer, la vida cristiana es una batalle triple. Primero, luchamos contra la carne y sus deseos pecaminosos que batallan contra nuestra nueva naturaleza y contra el Espíritu que busca llevarnos a una mayor santidad. En esta batalla estamos llamados a hacer morir (mortificar) las obras de la carnes, y perseguir la santidad personal sin la cual nadie verá al Señor. Estamos llamados a morir diariamente, a golpear nuestros cuerpos, y aun más radicalmente, a amputar aquellas cosas de nuestra vida que nos es causa de tropiezo. Estamos llamados a saturar nuestras vidas con la Palabra de Dios, a renovar nuestras mentes de modo que podamos ser capaces de discernir aquellas cosas que agradan al Señor y a rechazar aquellas que Él aborrece. Estamos llamados a ser llenos del Espíritu y a caminar en novedad de vida, siempre sensibles a Su voluntad y dirección. Finalmente estamos llamados a hacer estas cosas en un mundo que odia a Dios, es endurecido a Su verdad y se opone a todas las virtudes y piedades.

¡Que terrible batalla es la de nosotros! Ciertamente estaríamos consumidos si no fuera Dios quien produce en nosotros el deseo de vivir rectamente y nos da la gracia eficaz para hacerlo. Porque El es poderoso para hacer lo que pedimos o entendemos, según Su poder que actúa en nosotros. Segundo, batallamos contra algo aun más terrible que nuestra propia naturaleza corrompida. Batallamos contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes. Estamos llamados a luchar contra ellas cara a cara y a resistirles aun al punto de la muerte, de modo que nuestro testimonio pueda resonar para la Gloria de Dios. Estamos llamados a pelear contra un enemigo cuya fortaleza excede de tal manera la nuestra, que debemos poner a un lado nuestra confianza en nosotros mismos y ser fuertes en el Señor, y en el poder de Su fuerza; ponernos toda la armadura de Dios para que podamos resistir en el día malo. Es verdad que Satanás merodeando como un león rugiente, buscando a quien devorar y que él nos ha pedido para zarandearnos, sin embargo, permaneceremos en pie, porque poderoso es el Señor para guardarnos sin caída y presentarnos ante Él en aquel día con gran gozo. Tercero, batallamos por algo más precioso que nuestras propias vidas, más grandioso que nuestras metas y mucho más importante que nuestro bienestar. Batallamos por el avance del reino de Cristo en el mundo. Luchamos y oramos y miramos con una gran esperanza: que Su nombre sea santificado, que Su reino venga y que Su Voluntad sea hecho en los cielos así como en la tierra. Damos nuestras fuerzas y nuestros años para que la tierra sea llena del conocimiento de Jehová como las aguas cubren el mar. Esperamos ver el día cuando una gran multitud que no pueda ser contada de cada tribu, lengua y nación esté ante el trono de Dios y clame en alta voz: “La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.” Cada uno de nosotros ha sido comisionado para ver esto: que la bandera de Cristo sea levantado en cada monte y tierra distante. Si no estamos llamados para ir, estamos llamados para, con igual sacrificio, permanecer detrás de aquellos que si lo están. La gran comisión no es algo insignificante que la iglesia hace, es LO estamos comisionados a hacer. ¿Nos damos cuenta de que tendremos que rendir cuentas en el Día del Juicio por nuestra participación en llevar el Evangelio a las naciones? ¿Reflejan nuestras vidas lo que ciertamente entendemos, que aparte del evangelio nadie será salvo? Las siguientes palabras fueron habladas por un ateo que se burlaba de aquellos cristianos que declaraban que Cristo es el único camino y aun así, no se movían para hacer que Cristo sea conocido a las naciones. Sus palabras fueron las que movieron al gran misionero ingles C. T. Studd a ir a China, a la India y a África y luego decir: “Si Cristo era Dios y murió por mi, no hay nada que sea demasiado para hacer por Él.”

Lee estas palabras cuidadosamente. Pesa tu vida y deseos con estas palabras.

“Si yo hubiese creído con convicción lo que millones dijeron que creyeron: que el conocimiento y la practica de la religión era todo para mi; arrojaría de mí como un peso, cada pasión mundana; estimaría cada consideración mundana como insana y cada pensamiento mundano como vanidad. Mi fe seria el primer pensamiento en la mañana, y mi última imagen antes de dormirme; trabajaría sólo por la causa de Cristo, pensaría sólo en la eternidad y estimaría cada alma ganada como lo más valioso, aun si esto significara una vida de sufrimiento. Ninguna consecuencia terrenal me detendría o calmaría mis labios; los placeres del mundo o sus penas no ocuparían un sólo momento mis pensamientos. Me centraría sólo en la eternidad y en las almas inmortales que están alrededor de mí, destinadas a la miseria eterna. Iría al mundo y predicaría a tiempo y fuera de tiempo y mi texto lema seria: “¿Que provecho tiene el hombre si gana todo el mundo y pierde su alma?

Al ver hacia el nuevo milenio, debemos estar mirando hacia el mundo y la batalla que allí se alborota. Estos son los mejores momentos en la historia del cristianismo. Dios ha abierto puerta a través del mundo, de modo que podamos predicar el Evangelio en lugares que sólo unos años atrás estaban totalmente más allá de nuestro alcance. Las puertas están abiertas, pero ¿pasaremos por ellas? ¿Tomaremos ventaja de este momento: el más estratégico de la historia? Este no es un tiempo de hombres de mentes estrechas, corazones pequeños y espíritus pusilánimes. Estos no son tiempos de sólo mantenernos firmes; sino que son tiempos de marchar hacia adelante. Debemos poner el mundo detrás de nosotros, pasar a través de las puertas que han sido abiertas para nosotros, poner nuestras manos en el arado y nunca mirar hacia atrás.

El mundo es un lugar grande y hay tantas personas que nunca han sido alcanzadas con el Evangelio. Hay tanto por hacer y tanto más que pudiera ser hecho. ¿Tomara la Iglesia ventaja de la oportunidad de ver la gloria de Dios en las naciones? ¿Oirás TÚ el llamado de poner a un lado tu vida y convertirte en parte de algo mucho más grande que tú? ¿Qué harás? ¿Puedes pensar en una cosa mayor a la que puedas entregar tu vida, que a la predicación del Evangelio a aquellos que nunca lo han oído? No es un tiempo de pensar en carreras, sino sobre en un Reino. ¿Para que quieres tú fama, cuando Dios nos promete gloria? ¿Por qué estaremos buscando la riqueza del mundo cuando la riqueza de los cielos será nuestra? ¿Por qué hemos de correr tras una corona que perecerá con el tiempo, cuando estamos llamados a obtener una corona que es imperecedera?

Mi querido amigo, corramos a la batalla de modo que podamos estar con Él… ¡En el Gran Día de Victoria!

En los últimos 2000 años, la batalla por el avance del Reino de Cristo ha sido una batalla costosa. Se ha estimado que en el Siglo I cerca de 50 millones de cristianos fueron martirizados y ahora cada años alrededor de 300,000 son añadidos al número de aquellos que menospreciaron sus vidas hasta la muerte.

Apocalipsis 12:11
Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.

Cerca de 1,000 creyentes por día sacrifican su vida en la batalla llevando el evangelio de Cristo a todos los hombres. Aun mientras lees esto cientos están muriendo, y diez miles están encerrados en prisiones y cárceles. Su único crimen es su fe en Cristo y su indisposición de abandonar sus Biblias y cesar de predicar el Evangelio. ¿Cómo debemos responder nosotros a la luz de tales terribles fatalidades? Solo hay una respuesta: Debemos correr DE CABEZA a la batalla, y dar nuestras propias vidas por LA ÚNICA CAUSA QUE PERMANECERÁ: la venida del Reino de nuestro Señor y Dios. Como tu hermano en Cristo, te ruego que vengas a ser un verdadero soldado en la batalla para tomar el Evangelio de Jesucristo a cada hombre. La mies es mucha y los obreros son pocos.

1 Pedro 2:11
…os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma…

Colosenses 3:5
Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros:…

Hebreos 12:14
Seguid… la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.

1 Corintios 9:27
…golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.

Mateo 5:30
Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

Colosenses 3:16
La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros…

Romanos 12:2
…transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento

2 Corintios 5:9
…procuramos… serle agradables.

Un comentario »

  1. GRACIAS A DIOS POR ESOS HOMBRES QUE OBEDECEN SU PALABRA DE IR Y PREDICAR ,,,

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