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Amar y conocer a Dios. por Dave Hunt.

Amar y conocer a Dios.  por Dave Hunt.

 (El siguiente texto es extraído de Berea call, noviembre de 1993)

“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es: Y amarás a Jehová tu Dios con todo tu corazón y de toda tu alma y con todas tus fuerzas.”. (Deuteronomio 6:4,5)

“Jesús dijo … Este es el primero y grande mandamiento” (Mateo 22:37,38)

“Jesús le respondió:” El que me ama, mi palabra guardara y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada con él .. ” (Juan 14:23)

Tanto los diez mandamientos dados a Israel como la ley moral escrita por Dios en todas las conciencias (Romanos 2:14-15) nos pide amar a Dios con todo nuestro ser. Esta solicitud se nos hace a nosotros, no porque Dios necesita de nuestro amor – Porque aquel que es infinito no tiene necesidad de nada – ni por razones del ego u orgullo de su parte. Él nos manda que lo amemos con todo nuestro corazón porque es la única manera de salvarnos de nuestro enemigo incorregible, que es nuestro ego.

Este primer y gran mandamiento es dado a nosotros para nuestro bien. Dios ama tanto a cada uno de nosotros que quiere ofrecernos la bendición más grande que existe: él mismo. Sin embargo, no obliga a nadie a amarlo por la fuerza, porque en este caso no sería verdadero amor. Nosotros debemos desear a Dios. “Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscan de todo corazón” (Jeremías 29:13) es la promesa de Dios que de otro modo se oculta como en Isaías 45:15. En otra parte leemos: “Él recompensa a aquellos que le buscan” (Hebreos 11:6).

Esta búsqueda ferviente de Dios con todo el corazón, sin lo cual nadie puede conocerlo, siempre ha sido el signo distintivo de sus verdaderos discípulos. Uno de los salmista ha hecho la comparación de la pasión por Dios con la sed de los ciervos que anhelan el agua (Salmo 42:1,2). David se expresó de la misma manera: “Oh Dios, tú eres mi Dios, mi alma está sedienta de ti …” (Salmo 63:1). Que deseo puede ser mayor que el de conocer a Dios? Sin embargo, este valioso deseo es descuidado incluso por los mismos cristianos.

Es  tan sorprendente que el infinito Creador del universo se ofrece a sí mismo a criaturas tan degradadas como nosotros! Y su amor no es una fuerza cósmica impersonal, pero sí que es profundamente personal. Considere esto! Un amor tan grande debe despertar en nosotros una ferviente reacción. Sin embargo, cuantos hay de entre nosotros que expresan su amor a Dios por lo menos una vez al día, por no hablar del amor con todo nuestro ser? Por desgracia,  muchos cristianos son atraídos por el amor prohibido del mundo (1 Juan 2:15) para buscar sus premios engañosos.

El primer mandamiento es el de amar a Dios porque nuestra obediencia a todos sus otros mandamientos, deben estar motivados por el amor a Él. Desde el momento en que Dios nos ordena amarlo con todo nuestro ser a lo largo de nuestra vida (pensamientos, palabras y acciones) debe desprenderse de este amor. Pablo nos recuerda que aunque demos todo lo que tenemos  a los pobres y aun ser martirizado en el fuego no sirve para nada si no está motivado por el amor a Él.

Si amar a Dios con todo nuestro ser es el mandamiento más grande, significa que no hacerlo  hace más grande el pecado, porque sería la raíz de todos los pecados. Entonces, ¿cómo es posible que el amor de Dios – sin el cual todo se hace comparable a un “metal que resuena o címbalo que retiñe» (1 Corintios 13:1) – no se menciona en las listas de las clases que se desarrollan en nuestros seminarios teológicos? ¿Cómo puede ser que “el primero y más grande mandamiento” sea, pues, ignorado por la iglesia? La triste verdad es que entre los evangélicos de hoy la primera necesidad no es el amor y el respeto a  Dios, sino el amor por uno mismo y por la autoestima!

Yo hablo desde el corazón. A veces me desespero por el hecho de que yo como Marta (Lucas 10:38-42), comprometidos en  servir a Cristo se acabe pasando tan poco tiempo amándolo. Oh, debemos ser más como María! Pero, ¿cómo puede una persona aprender a amar a Dios sin haberlo visto antes? (Juan 1:18, 1 Timoteo 6:16, 1 Juan 4:12,20)? Obviamente, debe haber una razón para amar a Dios o a algún otro. Sí, la razón y el amor van de la mano. El amor debe ir más allá de la atracción física, de lo contrario sería sólo una cuestión carnal. Además de la belleza externa exista también la belleza interior, la personalidad, carácter, integridad y todas las otras cualidades del amor. Dios nos ama sin necesidad de tener una razón. Nuestro amor, incluido el amor a Él, necesita de todas estas cosas, “Nosotros le amamos porque Él nos amó primero” (1 Juan 4:19).

Nuestro Padre Celestial ama incluso aquellos que se han declarado ser sus enemigos a los que lo desafían, lo rechazan, niegan su existencia y desearían sacarlo de su trono. Cristo demostró este amor yendo a la Cruz para pagar por los pecados de todos, incluso pidiendo al Padre que perdonara a aquellos que lo clavaron (Lucas 23:34). Este es el tipo de amor que los cristianos después de experimentarlo en sí mismos, están llamados a demostrarlo a través de su propia vida en Cristo: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os maltratan y os persiguen “(Mateo 5:44).

Amar a Dios con todo nuestro corazón y a nuestro prójimo como a nosotros mismos no es algo realizable por nuestros propios esfuerzos. El amor al prójimo debe ser una expresión del amor de Dios en nuestros corazones y podemos amar a Dios sólo conociéndolo a él para saber cómo es. Un dios falso no lo haría. Sin embargo, en la reunión de Oración Nacional en Washington DC en 1993, el vicepresidente Al Gore fue capaz de decir: “La fe en Dios, una relación con un Poder Superior, como se llame, desde mi punto de vista es esencial.” Nadie puede amar “, un plan para amar a Dios,” dependiendo de cómo se puede concebir. Esto significaría amar a una persona imaginaria. Conocer al verdadero Dios significa amarlo, y cuanto más se lo conozca más se lo ama.

La mayoría de nosotros tenemos una conciencia muy superficial de Dios, respecto del conocimiento  de Dios.  Nuestro amor a Dios puede crecer solo si apreciamos profundamente su amor por nosotros – un aprecio que debe incluir estos dos aspectos: 1) la grandeza infinita de Dios y 2) nuestra miserable e indigna condición de pecadores. Él, que es tan alto y santo pueda descender al punto de redimir a los in dignos pecadores es la demostración más alta del amor. La comprensión  de este aspecto es la base de nuestro amor y de nuestra gratitud y debería ser el tema inmutable de nuestra de nuestra alabanza por toda la eternidad frente a su gloriosa presencia (Apocalipsis 5: 8-14).

No hay ninguna duda de que más que su propia visión (la de Dios) se hace más clara y mas se siente indigno y consecuentemente más agradecido por su gracia y amor. Este siempre ha sido el testimonio de hombres y mujeres de Dios. Job, con lagrimas dijo así a Dios: “Mis oídos habían oído hablar de ti, pero ahora mis ojos te han visto. . Por eso me arrepiento, me arrepiento en polvo y ceniza “. (Job 42:5-6) Del mismo modo también Isaías pudo decir: ” ¡Ay de mí, estoy perdido! Porque yo soy un hombre de labios impuros y vivo en medio de un pueblo de labios impuros y mis ojos han visto al Rey, Jehová de los ejércitos “ (Isaías 6:5).

Reconocer el propio pecado y la propia indignidad no disminuye sino que aumenta el amor de los santos para con  Dios y la capacidad de una apreciación más profunda de su gracia. Cuanto más claramente vemos el abismo infinito que existe entre la gloria de Dios y nuestra caída en el pecado (Romanos 3:23), mayor será la gratitud por su gracia y amor que nos ha demostrado, mediante la redención que nos ha provisto.

No hay alegría comparable a la del amor mutuo. Así como no hay dolor tan profundo como el del amor rechazado o ignorado. Pensemos, pues, cuanto se debe de entristecer  Señor cuando ve cuanto poco amor recibe de sus redimidos! Este dolor lo podemos encontrar en algunos pasajes  de la Escritura como estas: “He alimentado a los  hijos y los he  criado, pero ellos se rebelaron contra mí. “(Isaías 1:2).” La niñez se puede tal vez olvidar de su atavío, o la desposada de sus galas? Sin embargo, mi pueblo se ha olvidado de mí por innumerables días. “ (Jeremías 2:32).

Aún más censurable de la negligencia y el olvido es la enseñanza que viene de la llamada psicología cristiana  según la cual Dios nos ama porque somos realmente amables y valientes. Richard Dobbins, más conocido como el psicólogo de las Asambleas de Dios, invita a la gente repetir: “. Yo soy amable y perdonable” De hecho Bruce Narramore  declara que “el Hijo de Dios nos considera a nosotros, de tan grande valor que ha dado Su vida por nosotros.” Si todo esto fuera cierto, no aumentaría, pero si disminuiría nuestro amor por Él y nuestra gratitud por su gracia. La Biblia nos enseña que nuestro amor  y nuestra gratitud a Dios es nuestro reconocimiento por su amor y por su perdón es proporcional al conocimiento de nuestra condición de pecadores y nuestra indignidad.

Esta fue la lección enseñada por Cristo a Simón el fariseo, cuando fue huésped en su casa. Jesús hablo de aquel acreedor que  perdonó a los dos deudores, el primero tenía una grande deuda, mientras que el otro tenía solo una pequeña deuda a pagar. A continuación, preguntó a Simón: “¿Quién de los dos mara más a su acreedor? “Simón contestó: “Supongo que … al que se le perdonó más.” “Has juzgado bien”Entonces Jesús dijo a Simón, que no había puesto agua a la puerta y algo para secarse, pero si  elogió a la mujer que lavó sus pies con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Y, finalmente, declaró con firmeza: “Por eso os digo que sus muchos pecados están perdonados, porque amo mucho, pero a quien poco se le perdona, poco ama.” (Lucas 7:36-47).

Tanto la lógica como la Biblia nos enseña que cuanto más nos damos cuenta de nuestro pecado a los ojos de Dios, más vamos a estar agradecido y lleno de amor a Cristo que murió por nosotros. Como si de alguna manera llegásemos a pensar que nos merecemos ser amados y que vale la pena su sacrificio, entonces es claro que vamos a terminar con menos aprecio por su amor. La Biblia enseña que Dios no nos ama por lo que somos, sino por lo que es: “Dios es amor” (1 Juan 4:16). Si Dios nos amó a nosotros, es porque él encuentra algo atractivo en nosotros capaz de inspirar amor, puede ser que – sien do nosotros criaturas mutables – a través del tiempo se podría terminar perdiendo aquel atractivo, y consecuentemente el amor de Dios, pero él nos ama porque Dios es amor, este amor nunca se pierde, porque Dios nunca cambia. Es esto lo que nos da la seguridad por toda la eternidad (Jeremías 33:3) – y la gloria es toda suya!

A menudo es muy difícil, especialmente cuando estás en medio de las pruebas, descansar en el amor que Dios tiene para nosotros y es porque en el fondo de nuestros corazones sabemos cuánto somos  indignos.  La psicología cristiana pretende erróneamente curar este sentido de inadecuación tratando de convencernos de que después de todo nosotros valemos. Robert Schuller declara: “La muerte de Cristo en la cruz es el precio de Dios por el alma humana … Esto significa que nosotros somos algo!” No es así. Cristo no murió por nadie, sino para los pecadores. Dobbins, dice, “Si nosotros no fuésemos  gente valiosa sin duda no tendrían que pagar ese precio.” En realidad es todo lo contrario, cuanto mayor sea el precio pagado nuestro pecado es mayor, y no nuestro valor. Que el Hijo de Dios sin pecado haya muerto sobre la cruz para redimirnos, no nos debe hacer sentir orgullosos de nosotros sentimos sino hacernos sentir vergüenza, porque es por nuestros pecados, que Él fue clavado. A pesar de lo que Bruce Narro define a la Cruz como “un fundamento para la auto-estima.”

Este evangelio humanista falsa que se alimenta de sí mismo es cada vez más presente en el mundo evangelico. Un concepto clave utilizado por el Consejo de Rapha fundada por Robert S. McGee consiste solo en la búsqueda de la autoestima. Anthony A. Hoekema escribe: “Seguramente Dios no hubiera dado a su Hijo a las criaturas que considera de bajo valor.” Así que el amor y la gratitud a Dios que debiera despertar en nosotros el sacrificio de la cruz es pervertido por este nuevo concepto “que al sacrificio lo hizo por nuestro alto valor”. Jay Adams enseña esta falsa doctrina afirmando que lo que Dios hace por nosotros “es su respuesta por lo que valemos, en lugar de un acto de su amor, misericordia,  bondad y gracia.”

Nuestra canción en la eternidad será “Digno es el Cordero” (Apocalipsis 5:12). En el cielo no hay lugar para la falsa creencia de que Cristo murió porque vale la pena. La muerte de Cristo en nuestro lugar no tiene nada que ver con lo que valemos, pero si fue el resultado de la profundidad de nuestro pecado, a las peticiones formuladas por la justicia de Dios y su gloria eterna.

Por supuesto, los que llevaron a la iglesia esta psicología humanista del egocentrismo  pretende demostrarlo  con versículos de la Escritura. Bruce Narramore cita el Salmo 139 y sugiere que el “plan maravilloso para el crecimiento, adecuacion  y desarrollo” que Dios ha incorporado en nuestros genes es el principio fundamental de la autoestima …. Por cierto, los genes del código genético pueden hacer que me incline con reverencia y adoración a la sabiduría y el poder de Dios, pero ¿qué tiene que ver todo esto con la autoestima? La admiración hacia el poder creador de Dios en mí no produce en mi ninguna exaltación, ya que yo no he creado nada!

Pablo declaró: “Es” por la gracia de Dios que soy como soy “ (1 Corintios 15:10). Ningún rastro de  autoestima! Realmente creo que nunca podremos borrar de nuestra memoria el hecho de que somos pecadores indignos y salvos por la gracia? Por supuesto, Dios en su gracia nos dará, coronas y premios y escuchar de los labios de Dios “, “Bien y buen siervo y fiel, … entra en el gozo de tu Señor “ (Mateo 25:21, 1 Corintios 4:5), pero esto debe llevarnos a tener una imagen de nosotros basada sobre la autocelebracion y la autoestima? C. S. Lewis contestó: “Al niño se le da una paliza para que aprenda la lección … Al alma salvada a la que Cristo dice “Esta bien” estoy sumamente complacido de la salvación   El placer no está en lo que somos sino en el hecho de que somos apreciados por alguien a quien se quiere agradar. El problema comienza cuando se dice: “le he agradado a si yo le he agradado”” eso significa que realmente soy una buena persona.”

Nuestro amor por Dios es influyente, incluso cuando caemos en la tentación. La pasión es llamada “engañosa” (Efesios 4:22) y “mortal” (1 Timoteo 6:9) porque nos atrae el placer a corto plazo, el que nos llama a desobedecer a Dios, llevándonos hacia un final doloroso y destructivo. Aquellos que se ponen en el centro en su manera de pensar y de considerar los mandamientos de Dios niegan esta verdad. Pero los que fueron atrapados por el amor de Dios se han liberado de si mismos y encuentran la verdad, el placer y la alegría duradera y el placer de la  obediencia a Dios, es una alegría que viene de la obediencia a Dios, que nada en este mundo lo pueda proveer y que ninguna tentación lo pueda superar.

La nueva teología niega este camino a la victoria. Su alegría es egoísta. Para obedecer al primero y grande mandamiento es necesario renunciar a sí mismos como Cristo manda en Mateo 16:24. Nadie puede renunciar a si mismo y, al mismo tiempo tener una alta autoestima de si  mismo. Considerar  el amor de Dios como una respuesta a mis cualidades y mi valor es más que suficiente para negar la verdad de Dios Pongamos de lado a nosotros mismos, nuestras necesidades y nuestro dolor y a cambio busquemas mas que nada concocer y amar a Dios, (Padre , Hijo y Espíritu Santo) a través de los cuales tenemos su amor y su gracia. Su amor se derrama  a los demás a través de nosotros si somos capaces de estimar al otro como superior a nosotros mismos (Filipenses 2:3). Este es el camino a la verdadera alegría. (Hebreos 12:2).

Acerca de Juan Alberto Florez

¡Proclamando la Palabra de DIOS a los Cuatro Vientos! Simplemente, nuestro propósito es llevar la Palabra de DIOS a los corazónes y mentes de las personas, utilizando los medios más eficientes a nuestro alcance. El internet es una herramienta efectiva para alcanzar a otros con el Evangelio y enseñarles sobre grandes verdades biblicas y desenmascarar la mentira y la apostasia, que esta llevando a muchos a la muerte espiritual. ¡¡JESUCRISTO ES EL CAMINO LA VERDAD Y LA VIDA!!

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